Pedir disculpas

Publicado en el periódico “El periódico de aquí” en enero de 2017. Link.

    Desde que somos apenas unos niños nuestros padres nos enseñan hasta la saciedad a pedir las cosas por favor. ¿Cómo se dice? le enseña la madre al pequeñín cuando el pobre le pide algo. ¿Cómo se dice? le vuelve a insistir cuando la vecina del segundo le ofrece al niño una chuchería. ¿Cómo se dice? le dice de nuevo cuando la tía le hace un regalito. Ese niño, que podríamos ser cualquiera de nosotros, a lo largo de su vida de infante, se ha tenido que oír unas cuarenta mil veces la misma frase machacona. Con ese ritmo, es lógico que pedir las cosas por favor y el dar las gracias, estén grabados a fuego en la mollera de todo quisque y sea algo que se dice apenas sin pensar. Se da por supuesto que estamos hablando de padres que dan buena crianza a sus hijos pues, como dice el proverbio: “De todo tiene la viña: Uvas, pámpanos y agraz”. El resultado es que ese niño, aunque tenga aprendidas esas frases como un mantra y las repita de memoria, igual que se aprendió el Padre Nuestro (Por cierto ¿hoy en día también se aprende el Padre Nuestro?), sabe la fórmula de memoria y la emplea adecuadamente. Así que por mor de la repetición y el aprendizaje constante, ese niño de mayor sabe pedir las cosas y dar las gracias después. No ocurre lo mismo con otras formulas que también nos van a ser tan necesarias en la vida. Me estoy refiriendo a las locuciones para pedir perdón o disculpas. Esto es algo que cuesta un poco más, a veces mucho más, y me explico. Las expresiones para pedir perdón o disculpas, se usan muy poco a todos los niveles. No vale el que dice perdón a todo trapo sin saber lo que dice. Me refiero, sobre todo, cuando esa persona tiene que reconocer expresamente una falta. Ahí es cuando cuesta sacarlo de verdad. Decir perdón, excúseme o disculpe, entre nosotros casi parece un esnobismo, un anglicismo, algo a imitación de las películas. No en balde se escucha mucho más en las traducciones de películas extranjeras, donde pedir disculpas es algo habitual. Busquemos un por qué a esta cuestión. Pienso que por favor y gracias siempre están relacionados con el hecho de obtener algún beneficio. ¿Pero qué provecho sacamos pidiendo perdón? nada más que reconocer un error o declararnos culpables de algo, y hay muy pocas personas dispuestas a esos extremos. Enseñemos a nuestros hijos la sana costumbre de disculparse siempre que existan los motivos. Digamos a nuestros hijos ¿cómo se dice? cuando tengan que reconocer un error y se acostumbrarán a pedir disculpas de mayores antes de que se lo echen en cara como les pasa hoy en día a tantos personajes de la política. Todos saldremos ganando.

La postnavidad

  Publicado en el periódico “El periódico de aquí” en enero  de 2017. Link. 

                Acabamos de dejar atrás uno de los momentos del año más complicado, puede que el peor, las Navidades, claro. No quisiera parecer un aguafiestas pero hay que reconocer que hemos dejado atrás dos meses largos en los que el obstinado “espíritu navideño” ha inundado nuestras vidas hasta casi ahogarnos. Se trata de una operación cuidadosamente concebida. La televisión con sus mensajes prepara el camino para la invasión. Es evidente que el plan está trazado con el mismo método y sistema operativo que un ataque militar. No me extrañaría nada que asesores militares intervinieran en él. De lo que estoy convencido es que todos los ministerios se coaligan para la buena marcha del plan. ¿Que cuál es el plan? Obviamente anonadarnos, encandilarnos con cantos de sirena para que gastemos mucho más de lo necesario. No crean ustedes que estoy en contra del consumismo, al contrario, soy totalmente partidario de esa fórmula capitalista que nos mantiene a todos peleando por conseguir algo más de lo que tenemos, aunque no nos haga falta. De hecho, y dentro de mis posibilidades, me considero un buen consumidor y me gusta. ¿Alienado por el sistema?, puede que todos lo estemos de una u otra manera, pero pienso que con esa política es como crecen las sociedades y por ende, nosotros mismos. Bien, estábamos en que la televisión preparaba el terreno, después llegaba la decoración en calles y comercios. Nos bombardean con anuncios, lucecitas, figuritas, villancicos, arbolitos… ¡qué pesadez! Al mismo tiempo, nos colocan bien visibles todos los productos que hemos de comprar: juguetes, turrones, teléfonos inteligentes, smartboxs, todo para todas las edades y todos los gustos, para que nadie se quede fuera y, por supuesto, el consabido marisco y el consabido cava. Si no es esto una invasión, díganme ustedes lo que es. Claro que una invasión consentida a base de cloroformo publicitario. Pero no se acaban ahí las cosas. No nos olvidemos de la lotería con toda su parafernalia y tampoco olvidemos los mensajes de los políticos que, como buenos comandantes de tropa, nos arengan con sus filípicas edulcoradas. No olvidemos tampoco las felicitaciones personales, los besos, los saludos, los wasaps, y las consabidas postales de Unicef. ¡Por Dios, cuándo se acabará todo esto! Pues ya. Ya se ha acabado. Por fin las fuerzas vencedoras se han retirado con el botín. ¿Qué quienes son los vencedores? Ese es un asunto interesantísimo que daría para mucho más que un artículo de cuatrocientas cincuenta palabras. ¿Qué cuál es el botín? Eso si que es evidente. Pero ahora estamos en la Postnavidad, unas fechas que, gracias a Dios, a nadie se le ha ocurrido celebrar aun. Cuando eso ocurra será el fin de nuestra civilización. Solo es tiempo de repasar los deseos incumplidos, mirarnos la cartera y apechugar hasta el próximo ataque.

¿Para que sirve un padre?

 Publicado en el periódico “Nou horta nord” en enero de 2017. Link.

         ¿Para qué sirve un padre? La pregunta puede parecer absurda pero no lo es tanto. Hasta ahora un padre ha significado algo así como la figura principal de la familia, el pilar donde se asentaba, el guía, el modelo y el ejemplo. Pero en lo práctico, el padre era simplemente el que traía el dinero a casa, el bruto que con su esfuerzo ganaba el sustento de la familia. No obstante, hoy en día, se demuestra que ese papel de padre puede ser desarrollado perfectamente por la madre. La madre también puede ser la que con su esfuerzo trae el dinero a casa (y de hecho lo es). Por otra parte, la madre puede ser mucho mejor ejemplo para los hijos (y de hecho lo es). Entonces, vuelvo a hacerme la pregunta ¿para que sirve un padre? Si nos adentramos en el terreno de la biología veremos que la inseminación artificial hace totalmente prescindible al padre como tal. Pensemos en las madres solteras o en las parejas lésbicas, pero sobre todo, pensemos en los niños huérfanos, aquellos que no han conocido a su padre ¿han sido más desgraciados por no haber disfrutado de la mítica figura del pater familias? En el fondo, todos sabemos que no hacemos puñetera la falta, y sobre todo a cierta edad. Entonces, vuelvo a preguntarme, ¿para que sirve un padre? Estamos de acuerdo en que padres los hay de todas las tallas, modelos y colores. Podemos encontrar desde el padre más abyecto, canalla y descastado con sus hijos, hasta el más perfecto educador y padre amante, pero quedémonos en el punto medio, digamos en el padre “normal”. Pues el padre “normal” sería el que trae el dinero a casa, si es que trabaja, el mismo que da un par de gritos para demostrar quien es el más fuerte y si se pone sentimental enseñará a su hijo a ir en bici, porque cree que esa es su labor en esta vida, lo llevará alguna vez al circo o lo subirá a caballito un par de veces. De acuerdo, ¿pero no hemos quedado que todo eso también lo puede hacer (y de hecho lo hace) una madre? entonces, ¿para qué sirve un padre?

            Llegados a este punto, me encuentro en pleno autoanálisis y, de verdad, me está costando muchísimo enfrentarme a la pregunta. Reconozco, con cierta desazón, que el asunto se me está volviendo en contra. Soy padre y quisiera tener clara una respuesta, algún argumento satisfactorio, algo que me apoyara, pero no lo encuentro. Así que voy a ser fuerte y decir lo que en realidad pienso de todo esto: Ser padre solo sirve para inocular al hijo el Complejo de Edipo, crear tensiones en la familia, discutir con los hijos cuando son pequeños, discutir con los hijos cuando son mayores y, en el mejor de los casos, ser recordado y añorado cuando ya se ha muerto.

La mañana

El camino con agua de una acequia

y una línea sembrada de naranjos.

El agua viene mansa y acaricia la zanja

curvando su piel por las paredes.

 

Robustos cipreses, fuertes y orgullosos

esconden sus frutos duros como piedras.

El cielo es casi blanco, de un blanco no inventado,

de un blanco nunca dicho, de un blanco delicado.

 

El verdecillo hunde su cuerpo en el agua

sacude sus plumas y vuelve a chapuzarse.

El césped destila su rocío al ser pisado.

Las hojas de la adelfa enhiestas como lanzas

son camino de hormigas de rutas misteriosas.

 

La tórtola zurea sin descanso

y se ayuda al andar con la cabeza.

Elige una ramilla de forma caprichosa

y vuela con ella al pino más cercano.

 

La mañana conmueve con sus limpios sonidos.

Las aves, las flores del naranjo y la alhucema,

y una miríada de insectos laboriosos

gobiernan cielo y tierra bajo un sol complaciente.

Ha nacido una nueva mañana.

Hay un patio escondido

 Hay un patio escondido con el piso de mármol.

El mármol es blanco y tiene algunas betas grises,

mas sobre todo es blanco y brilla mucho.

El espacio es cuadrado, ni grande ni pequeño.

Las paredes son altas y lucen encaladas.

¡Qué blanco que es el suelo!

.

En el centro una fuente y a ras del suelo el agua.

El agua es mansa y se derrama, mas nunca llena el vaso.

El sonido del agua rebota en las paredes,

retiembla y dibuja pequeñas ondas rotas.

.

La piedra, que aparenta estar muerta, rodea la fontana

y el agua se agita, se estremece, y no cesa de hablar.

Y su rumor suave y melancólico se escucha día y noche.

Es un rumor inadvertido que clama desde siempre.

.

De noche, la luna con su luz opalina dice al mármol

que el agua le llama persistente.

Que hace tiempo se quedó enamorada del blanco y de su brillo.

Que quiere alcanzarlo y bañarse en la claridad de su cara tan blanca.

Que quiere unirse a él y dejar de ser fuente.

Que quiere convertirse en río y en estanque

y llenar con sus aguas cada rincón del suelo.

.

Una noche los vi desde aquella ventana.

La luna estaba clara, redonda y generosa,

y asomaba por encima del patio, lo recuerdo.

Su luz llenó todo el espacio y miró a los amantes.

.

Pero yo no era el mismo de ahora

y mi memoria no es la misma de entonces,

ni mis ojos cansados son los mismos.

Esperaré otra vez, pero no sé.

Quizá sea mejor ya no mirar por la ventana.

Quizá sea mejor vivir con el recuerdo de aquella noche enamorada:

la enorme luna de agua, la fuente sosegada, el mármol entregado…

.

Qué importa si pasó, si no pasó.

Qué importa si sólo yo recuerdo. Si lo que vi fue o no fue cierto:

la luna, el espacio cuadrado con las paredes altas y el agua estremecida.

Mas lo que más recuerdo era el blanco de mármol,

¡Qué blanco que era el suelo!

Cuando yo ya no esté

Cuando yo ya no esté,

tan solo habrá una cosa que me ha de doler mucho:

no verte, no encontrarte será el mayor dolor.

.

Cuando yo ya no esté,

ni aquí ni en ningun sitio,

ya no podré oler, ni ver, ni hablarte.

.

Ni rozar esos labios, ni siquiera pensar

ni mirarte dormida, ni decir que te quiero,

por eso lo hago ahora.

.

Cuando yo ya no esté,

sospecho que tú recordarás cuánto te amaba

y estarás pensativa cada noche.

.

Y buscarás en las fotografías

mi rostro y mi recuerdo

y al mirar a tus hijos verás un gesto mio.

.

Yo no podré decirte nada,

ya no podré tomar tu mano,

ni besarte otra vez, ni un susurro a tu oído.

.

Cuando yo ya no esté,

ya no podré decir lo que te quiero,

por eso lo hago ahora.

.

No te podré rozar de nuevo,

ni dibujar tu sonrisa con mis labios,

ni hablar de más proyectos.

.

Buscarás en mis ropas

y entre las hojas de un libro

algún recuerdo mío.

.

Y en los espejos intentarás hallar

mi imagen apagada

y creerás encontrarme en una esquina.

.

Y en nuestra cama, cuando yo ya no esté,

te pondrás en mi lado

 y olerás nuestra almohada.

.

 Yo no podré sentirte, ni escuchar tu lamento.

No podré consolarte, ni besar esa lágrima,

ni acariciar tu pelo.

.

Ese mechón tan blanco que cae por tu mejilla

más fino que la seda,

no rozará mi mano.

.

La ventana entreabierta te traerá algún sonido

de noche sudorosa de verano.

De esas noches sin embozos ni telas.

.

Y ese sonido pensarás que soy yo,

pero yo no estaré por ningún sitio.

Yo no seré ni nube, ni huella, ni vestigio.

.

No existirán mis huesos, ni restos,

ni moléculas, ni sombra podré dar

sobre ninguna parte.

.

Cuando yo ya no esté,

ya no podré pensar si lo hice bien o mal.

Ya no cabrá arrepentimiento.

.

Ya no cabrá pedir perdón a nadie,

ni agradecer, ni dar una sonrisa,

ni besar a mis hijos.

.

Te dejo el cometido de hacerlo por mí.

Te cedo la tarea de quererlos a todos

y de quererte a ti.

.

Y te cuento estas cosas

ahora que estoy vivo

y que siento en el alma todo el amor tuyo.

.

Para que me recuerdes

si te cruzas un día con este escrito mío

y te da por leerlo.

.

Yo no estaré por ningún sitio ¿recuerdas?

Y no podré decirte lo que te amo,

por eso lo hago ahora.

Cantos de la mañana

 

Las lechugas de un verde inagotable,

robustas y resueltas,

nos abren sus hojas, descocadas,

como una flor que busca quién la preñe.

 

El escarabajo antes hermoso y fuerte y poderoso,

con su coraza irisada de verdes y negros relucientes,

herido quizá por accidente

en el camino de tierra que lleva al pueblo,

es comido por cientos de hormigas

que impasibles, sin importarles la belleza truncada,

ni su esplendor de antes, ni su coraza,

se afanan por ir desintegrando, poco a poco,

lo que queda de aquel, que sólo es su alimento.

 

Las flores del espliego,

pugnan por ser más altas

las unas que las otras.

 

Las flores del romero, del lirio,

la achicoria y la alhucema y el cardo corredor,

envidian al cielo y calcan su color.

 

Hoy no he olido el azahar.

Hoy no he visto aquel perro.

Hoy la garza no está.

 

Las flores amarillas del diente de león,

vuelven sus caritas péndulas

cuando el sol se va

que dan pena ver.

 

La flor del humilde hinojo miró a su vecina la acacia,

que orgullosa ornaba el camino con sus racimos de oro:

¿Podrías prestarme un poco de ese hermoso color,

para poder lucir, aunque fuera un instante,

mis humildes capullos con tu mismo esplendor?

dijo con un hilo de voz la cabezuela parlante,

y antes de que la acacia pudiera responder,

una intangible brisa que la aurora escuchó,

esparció una nube dorada por todo el jardín

y millones de flores de hinojo saltaron dichosas

tan bellas y resplandecientes como nunca soñaron,

con sus nuevos vestidos radiantes de luz.

 

El agua de la acequia, que parece quieta,

peina las finas algas, someras, lánguidas, casi inertes,

como si fueran los cabellos de una indolente ninfa

en su noche de bodas bajo luna de abril.

Palabras

La palabra más bella y más profunda,

no está dicha por nadie,

sale cada mañana del corazón de una pequeña flor.

La palabra más bella y más profunda,

se escribe en el cielo con jirones de nubes

cada mañana, con la primera luz.

_____

Puede que en ciertas ocasiones,

no encuentres las palabras para expresarte.

Quizá en esas ocasiones,

no hagan falta palabras.

_____

Esa palabra que te ahoga, que vive entre tus labios.

Esa palabra que a veces te presiona, que casi paladeas.

Esa palabra que llevas contigo a todas partes

y que asoma temblando entre tus ojos.

Esa palabra que ronronea junto a tu corazón,

que habita entre los pliegues de tus sueños,

tú ya lo sabes que es la palabra amor.

Haikus

HAIKUS AL MIRLO AMIGO

El mirlo amigo

pirrita y pirritea

y el sol se esconde.

.

En la cornisa

un mirlo se ha parado

me mira y pía.

.

Por todo el cielo

la pluma se recorta

de un mirlo negro.

.

Un par de mirlos

corren por el tejado

hacia el alero.

.

Su pico grana

pirrita que pirrita

su zanca danza.

.

Mirlo mirlero

me encantas con tu canto

¡cuánto te anhelo!

.

El mirlo salta

se mueve y corretea

y a veces vuela.

.

Su traje negro

parece que es de fiesta

y él es la orquesta.

.

El mirlo preso

en alambrada celda

canta tristeza.

.

Busca pareja

se sube a los tejados

pirrita y vuela.

.

Tu pico es grana

tu cuerpo es fino y negro

tus patas rojas.

.

Los limoneros.

Un mirlo se ha escondido

bajo uno de ellos.

.

La tarde esconde

un mirlo en una rama

¡búscalo adónde!

.

HAIKUS AL CAMINO

Mira la Luna,

tiene cara de alguna

y no de luna.

.

Detén tu paso,

ha cruzado una oruga,

mañana vuela.

.

El agua brama

por la arisca montaña

y llega dócil.

.

El viejo sauce

jugó con agua clara,

cuando era un niño.

.

Arisco y duro

el fruto del castaño.

Arisco y duro.

.

Al andar crujen

su cri-cri me acompaña.

Pinocha y piñas.

.

El agua corre

por la acequia se ondula

y llega mansa.

.

De luz y espuma

la fuente en un instante

de seda y plata.

.

Agua estancada

un pájaro se baña

reflejo roto.

.

Por el camino:

un perro con su dueño.

Blancos azahares.

.

Sobre la acequia

la garza se refleja.

Se ondula el agua.

.

Calor de estío:

una leve cortina

mueve la brisa.

.

Un verdecillo

picotea unas hojas.

Frio de invierno.

.

HAIKUS DEL RECUERDO

Atún y huevo:

comida que ha sobrado

y un cuenco tapa.

.

En la terraza:

con el talón me rasco.

Será un mosquito.

.

Oigo cazuelas:

la cena se prepara.

Me acerco al fuego.

.

Clase de mates,

miro por la ventana.

Saludo al olmo.

.

Tajo y Segura.

Molibdeno y tecnecio.

No hay más recuerdos.

.

Copiar cien veces.

Aprender de memoria.

Llorar de rabia.

.

Arnal y Costa,

los tengo en mi memoria.

García y Lluch.

.

El profe explica,

yo rio con mi amigo

¡la bofetada!

.

Don Seve, el latín

Doña Julia la historia.

Sólo quiero dormir.

. 

HAIKUS ÍNTIMOS

Desde tus ojos

he visto mi reflejo

¿tú ves el tuyo?

.

Mi periquillo

se me murió en la mano

sin decir pio.

.

Me asomo al balcón:

dos verdecillos huyen,

¡qué vista tienen!

.

Una taronja,

un xanglotet de raïm.

Vi blanc i a dormir.

.

Lo teu somriure

te un so de campanetes.

Fa cosquerelles.

.

Una plometa

s´ha desprès de l´aleta.

L´au està trista.

.

El sol s´amaga,

passen ràpids els núvols.

Som a la tardor.

.

Un pensament diu:

si algú em puguera traure…

i la veu calla.

.

L´aigua que passa

arriba en molta pressa.

El mar l´aguarda.

.

Violencia de género

           Tuve un amigo durante muchos años que tenía la costumbre de quejarse por todo. No sé si a eso se le puede decir una costumbre, ni siquiera una manía era, sencillamente, su carácter. Cuando íbamos paseando por la calle, las quejas y las críticas por todo lo que veía eran tan constantes que a veces me daban ganas de dar media vuelta y dejarlo solo. Todos los años que nos frecuentamos fueron igual; yo casi estaba acostumbrado. Según él, la sociedad entera era un compendio de todas las vulgaridades. Todo el mundo era hipócrita por no decir las cosas claras como él. La mala educación, la zafiedad y el mal gusto eran la norma y, por supuesto, la amistad no existía, todo era hipocresía e interés. Pero mi amigo padecía una enorme contradicción: no sabía vivir solo. Una persona que veía a la sociedad tras ese prisma tan espantoso y tan falto de valores, era incapaz de quedarse en casa y aislarse por algún momento de ese mundo tan despreciable que tenía a su alrededor, era incapaz de vivir su propia vida y abstraerse de todo lo que le molestaba. Al contrario, necesitaba salir y mirar aquella humanidad de la que era miembro, para seguir juzgándola, padeciéndola y sufrir con ello, porque me consta que sufría. Lo pasaba verdaderamente mal, pero al mismo tiempo no podía dejar de hacerlo: era su alimento diario. Tenía que expresar la crítica constante para que fuera oída, cosa que, al mismo tiempo le excitaba más y se enfadaba consigo mismo solo de oírse.

            Una mañana me dijo que el café que estaba tomando no sabía a nada, no faltaba más, pensé yo. Se puso dos sobres más de azúcar y se lo dejó diciendo que le sabía a cartón mojado. Parece que desde ese día a ninguna comida le encontró sabor. Después llegó lo del oído. Comenzó sintiendo unos fuertes pitidos en ambos oídos. Le pusieron un aparato que no sirvió para nada; se quedó sordo como una tapia. El día de su cumpleaños se despertó con una sombra en los ojos. Me dijo que lo veía todo como envuelto en ceniza. Tengo la sensación de que unos gamberros me han tirado algo con un espray, me dijo cuando salíamos de su casa. Ya soy bastante torpe con la luz apagada ahora verás como tropiezo por todas partes, me comentó mientras se cogía de mi brazo. De qué se quejará ahora que ni oye y casi no puede ver, me preguntaba yo. Pues se quejaba de sí mismo, de su mala estrella, de que todo le había venido al mismo tiempo, de que él no merecía ese castigo. Tenía razón. Terminó por quedarse en casa y sentarse en un sillón frente a una ventana sin decir nada. Cierra los ojos y se pasa el día dormitando, me dijo su mujer. No tenía ninguna enfermedad, les dijeron, solo era un estado de ánimo que un buen día podría cambiar. Pero ese estado de ánimo iba a más. Dejó de comer, solo estaba allí, sin moverse, sin hablar, sin comer, sin hacer nada, consumiéndose poco a poco. Su mujer le humedecía los labios de vez en cuando. Sí, es todo lo que hago, me decía, le humedezco los labios y le cambio el pañal. Al principio le abría la cortina de la ventana, pero como se quedó ciego del todo… La sala se convirtió poco a poco en una estancia vacía lúgubre y gris, gris como la ceniza de sus ojos. ¿Cómo puede resistir tanto un cuerpo?, decíamos los amigos mientras compadecíamos a su mujer. Mientras tenga fuerza el corazón… Pero no come nada. Sí, ni come ni se muere, es terrible, comentábamos sin dejar de pensar cómo había sido hasta entonces y en la fortaleza de su carácter. Y su mujer desde que él se quedó así apenas sale de casa, cómo puede resistir tanto tiempo, nos preguntábamos con lástima. Nos quejábamos de él, yo el primero, pero ahora le echábamos de menos.

            Lo leímos en las noticias locales del periódico: OTRO SUPUESTO CASO DE VIOLENCIA DE GÉNERO. Una mujer de sesenta y dos años, supuestamente acaba con la vida de su marido degollándolo con un cuchillo de cocina y después se arroja al vacío desde un séptimo piso, muriendo en el acto. Ambos eran muy conocidos en el barrio y nadie se explica lo sucedido.